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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Un ultimo aliento

Notaba como perdía mis fuerzas, en una batalla contra aquellos sentimientos tan apocalípticos. Sus cabellos se entrelazaban en mis manos mientras acercaba sus labios a los míos. Y sus ojos me veían por dentro, miraban directamente al centro de mi corazón. Allí donde residía el miedo a perderla. Tímidas palabras salieron de mi boca, convertidas en un leve susurro por la falta de aire en unos pulmones agarrotados, en un cuerpo tembloroso. Lagrimas brillantes comenzaron a brotan de mis ojos, fijos en su dulce belleza. Hipnotizado por su completa armonía. En ella residía mi vida, había sentido su presencia desde siempre. Aun estando lejos y sin conocer de su paradero, mis pasos me habían guiado hasta aquel instante. Hasta estar entre sus brazos y perdidamente atrapado por su cuerpo. En aquel abrazo no veía enjugarse sus ojos, ni temblar sus labios por el miedo, pero sentía que ese sentimiento estaba allí. Ese miedo compartido de nuestra perdida, de una separación definitiva. Mis latidos empezaron a alejarse de los suyos y ella noto que ya había acabado nuestro momento. Solo quedaba decirse adiós, en susurros, en un ultimo beso cálido.

martes, 1 de junio de 2010

palabra...

... en mi boca, lista para pasar a la tuya. En un instante, un palpito, un suspiro. Esperando volver a estar junto a ella.

jueves, 27 de mayo de 2010

suaves...

... caricias entre susurros. Kilometros ya son milimetros entre nuestras voces, entre nuestros labios, entre nuestros cuerpos. Cada palabra...

martes, 25 de mayo de 2010

sentir...

... los labios juntarse. Las sensaciones que hacen erizarse nuestra piel son puras e intimas. La distancia no es muro que contenga nuestros deseos. Como si nuestras manos fueran infinitas, las yemas de los dedos tocan la piel al otro lado. Son suaves...

domingo, 23 de mayo de 2010

hablamos...

... como si nuestras miradas pudiesen cruzarse. Tan solo son palabras viajando por circuitos eléctricos, pero hacen que nuestros corazones se vayan acelerando. Un beso atraviesa los cientos de kilómetros que nos separan, y aun así nos sabe al otro. Podemos sentir...

lunes, 17 de mayo de 2010

profunda...

... y suave como solo una mujer tiene. Casi con las mismas palabras nos saludamos y nos preocupamos por el otro, queremos oír la voz del otro. Queremos sentirlo cerca, como si su cabeza estuviera en una almohada a nuestro lado. Nos hablamos...

sábado, 15 de mayo de 2010

Al descolgar ...

... su voz era dulce, como suena al caerse los parpados de sueño. Mi imaginación la veía acurrucada bajo las sabanas con una leve respiración profunda...

jueves, 13 de mayo de 2010

Ring... ring...

... era ella quien llamaba. Lo sabía incluso antes de sonar el teléfono. Al descolgar ...

martes, 1 de abril de 2008

Paranoia - 7 - fin

Ya estoy a salvo, aquí dentro, libre de esos monstruos. Tranquilo me siento ahora, y mi cuerpo dice lo mismo suspirando mis pulmones y latiendo más lentamente mi corazón. Una nube se posa en mis ojos y siento como mi carne y mi piel vuelven a su flacidez viscosa. Oigo un golpe muy, muy cerca de mi y el suelo me enfría la mejilla rosada, oigo chillidos que vienen a vuelo bajo. Creo abrir un ojo aunque ya lo tengo abierto y desaparezco, todo se va en un instante. Estoy como en un sueño, siento una caricia en mi mejilla, una brisa a lo largo de mi, y un pañuelo seca mi sudor. creo moverme pero verdaderamente es algo que sueño, lo deseo tanto. Mi cuero está aqui tumbado, pero mi mente está allí, a lo lejos.

jueves, 27 de marzo de 2008

Paranoia - 6 -

Todos clavan Sus afilados dientes en mí cuerpo. Solo queda por cerrarse mi cabeza y algunos persisten en llegar a ella. Está echa un asco, llena de arañazos y su abertura es viscosa y latente, el ojo que me cuelga, le da aún más -atrocidad, que es casi imposible. La recomposición de mí cabeza parece enloquecerles, se aterren y me atacan e intentan abordarme. Ya estoy unido, lo siento, noto esa energía en mi interior. Soy alguien nuevo, poderoso, tan fuerte me siento que voy a echar a estos intrusos fuera de mis cercanías. Me agito fuerte como un látigo, rápido como un rayo, y endurezco mi piel al máximo, lisa y dura como el mármol, resbaladiza como el suelo encerado, y ellos van cayendo al suelo, golpeándolo - con la cabeza, la espalda y, algu­nos que caen de pies salen corriendo aterrorizados, tambaleándose, tropezando y rodando por el suelo. A todos los que están tirados junto a mi los expulso a patadas, barriéndolos fuera de la habitación. ¿Quien me tira del pelo? ¡Ah!. Mis manos llegarán a ti ¡Cerdo cabrón!. Mis dedos lo tocan y lo atraviesan, y me arden manchados de su sangre; con un codo cierro la puerta, y uno de ellos en un último intento por quedarse dentro, salta hacia mis dominios, se ve pillado entre las maderas de la pesada puerta y el cerco de ésta misma. A los pocos instantes, un hilillo de humo sale del lugar donde él habia reventado, era como el consumirse de un cigarro.

viernes, 21 de marzo de 2008

Paranoia - 5 -

¿Quien me ciega?, Eres uno de ellos ¿verdad?. Sois cobardes, atacando por la espalda, cuando duermo o cuando caigo moribundo. Siento como clava sus dientes en la bola blanca, catalejo de mi visión. Y yo con mí mano más cercana, que no sé cual de ellas es, le atrapo y tiro con fuerza de él, pero no suelta. No quiere perder su comida, su trofeo. Si le aprieto o le estrangulo sé que estallará, derretirá mi cara, y aunque le haya aplastado, yo perderé. Con el sonido de un corcho, mi ojo sale de su cueva, el nervio le sigue, estiro mí brazo todo lo más que puedo, el nervio goteando se tensa como una cuerda de violín, al máximo, a punto de romperse, pero él no deja libre la presa, es un cazador incansable. Mi otra-mano desde lo lejos, llega a alcanzar su cabeza, y con los dedos estrujo su mandíbula, y le grito como puedo, que suelte. Unos forcejeos, unos gruñidos, y cambia de presa. Ahora es uno de mis dedos objetivo de su destrucción.
Mientras todo esto ocurre, los demás me atacan en masa. Por la herida que es mi cuerpo. Estando tan concentrado en el cazador, no me doy cuenta de ello. Mi cuerpo lucha por aguantar el asedio con convulsiones, expulsiones de bilis, ácidos gástricos y toda clase de impulsos musculares. Pero ellos ya parecen decididos a terminar conmigo, no quieren jugar más. No les hace gracia ya. Mi cuerpo dificultosamente se va uniendo, tiene que cerrarse, no dejar entrar a ningunmás. Es un lucha infernal

sábado, 8 de marzo de 2008

Paranoia - 4 -

Ellos han trabado la puerta y lo mismo habían hecho con las ventanas. Pero ¿también los respiraderos?. No sé, si quieren cogerme en cualquier momento. Si intentara escapar, me cogerían y entonces ya no podrían jugar más, acabarían el juego. He de combatirlos, si eso, matarlos , aniquilarlos. Me repongo y les miro con la cara desencajada de furia, pero ello no parece -asustarlos, sino más bien ríen enseñando sus sucios dientes afilados. Avanzo rápido hacia ellos golpeando fuertemente el suelo y les grito, y todos en desbandada corren a esconderse. Entonces yo también corro pero no a por ellos sino a mi habitación, algunos, los más atrevidos, me siguen detrás dando saltos. Freno en seco antes de entrar, doy media vuelta y les ataco con los pies, y. ellos huyen hacia el-salón gritando, tan fuerte, que enloquece, pero no me duelen los oídos sino dentro de la cabeza, un pitido tan horriblemente doloroso. Regreso a mi cama, me siento y miro hacia allá afuera donde están ellos. Oigo ruidillos deba jo de mí y siento que hay alguno de ellos. Agacho la cabeza y veo como dos de -ellas se comen un tercero medio aplastado por mí; ellos también me ven a mí, y se asustan. Sin soltar a su compañero muerto, salen disparados, cada uno en dirección contraria. El trozo de cuerpo que sujetan con la boca, se parte en -dos con un sonido desgarrante. Como si ese fuera yo, siento como mi cuerpo se -abre, se resquebraja de arriba a abajo, y saltando al aire mil gotas de mí sangre oscurecen la habitación, ellos las beben y se mojan como si estuviesen bajo la lluvia...Hundo las rodillas en el colchón, alzo los brazos, e imploro a mi cálida sabia. que vuelva a mi, a su hogar. Gota a gota van entrando en mis -venas abiertas, ahogadas por el rancio aire; y en él como gérmenes, como bacterias, como virus apestosos; llenos de odio, ávidos de carne, ellos penetran para corroerme, quemarme. Ahora siento algunos de ellos entre mis vísceras, tengo que sacarlos entes de que me hagan más daño. Con mis manos me aprieto mis entrañas ,y van saliendo escurriendose entre mis dedos, aún aprieto más. ¡AAAHH! ¡Mamón! Aún estaba dentro, y ha explotado; me abrasa, y el dolor jamás cesará. ¿Por qué debo sufrir si no he echo mal a nadie?, y aunque hubiese sido así ¿No es excesivo éste sufrimiento?.

sábado, 1 de marzo de 2008

Paranoia - 3 -

Despierto, siento y veo como sangro; como las sabanas se tiñen de rojo oscuro. Grito con los pulmones explotando, pero no sé si es por la pesadilla o por la realidad que veo. Mis ojos se desorbitan y creo que se escaparan lejos de mi cara y la nariz y las orejas quieren seguirlos. Abro mi est6mago con las manos, ven la luz e intentan esconderse; los saco a puñados y muerden mis dedos; algunos suben a mi boca y los escupo. Hasta que no queda uno en mi, no cejo en librarme de ellos. Aún cuando están fuera por el suelo corriendo a esconderse, los piso y los machaco aunque su sangre, si lo es, me queme los pies desnudos y marcados por sus mordiscos. Los persigo por toda la casa, y ellos huyen aloca-dos en todas direcciones. Salto hacia ellos con las manos abiertas para agarrar los, pero son tan rápidos y pequeños que escapan entre mis palmadas, se esconden detrás de los muebles, plantas o cualquier lugar, e incluso algunos se me ten dentro de cualquier objeto, o en las paredes, el suelo o el techo.

Miro a mi alrededor, les enseño mis puños y la cara enfurecida. Me tienen atrapado, acorralado. Les tengo miedo y ellos lo saben. Podrían atacarme todos a la vez y acabar conmigo; pero no lo quieren así, están jugando y yo soy su juguete. Voy acercándome a la puerta de la calle, dando vueltas, observando todos los movimientos de mis enemigos. Mí mano se acerca al pomo, lo siento gélido. Al mismo tiempo que vigilo el lugar, sus desplazamientos, sus miradas intento abrir, pero la puerta sigue en su sitio. Quito los cerrojos y vuelvo a girar varias veces seguidas, pero como antes, las bisagras no chirrían. Oigo un pequeño ruido detrás de mi, me doy la vuelta agitando las manos, ahí están, frente a mi, formando un semicirculo a mi alrededor. Ellos son muchos y yo solo uno. Mi espalda golpea la entrada y mi mente comienza a pensar en como salir de aquí.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Paranoia -2 -

Voy a cerrar los ojos e intentaré dormir, aunque sea un poco; pero mejor pensado que sea mínimo para no soñar y que así no me turben mi desgastada cabeza. Ellos saben que yo sé qué ellos sabe que yo sé. Y quieren meterse dentro de mí en todo momento. Cuando abro la boca, cuando respiro y si pueden lo intentan -cuando escucho como se mueven las cosas. Pero su puerta preferida hacia mi interior es el sueño, la pesadilla. Si, esa es por donde mejor me asaltan, porque saben que estoy indefenso, que me ocupa el trabajo de enhebrar esa aguja. con un no hilo. Mis ojos están en su punta, veo como se acerca lentamente hacia el interior de su fin; poco a poco la distancia se hace mínima, y en el instante que ésta es nula... Veo la aguja otra vez al fondo del espacio. Y me doy cuenta de lo que pasa; cada vez que llego a enhebrar se deshace ese trabajo, y debo empezar de nuevo, me angustia y me apasiona a la vez, cada vez más, obligándome a volver a intentarlo.
Mientras pienso en esto, ellos me atacan, atraviesan mi piel y cuanto más me ofusco en la indecible locura, ellos perforan mi carne hasta los huesos. Y me carcomen, construyen túneles, galerías a lo largo de mi cuerpo.

domingo, 24 de febrero de 2008

Paranoia -1-

La luna casi en su plenitud gobierna la noche. Ilumina en penumbras, callejones y casas olvidadas. Las nubes difuminan el fuerte azul marino donde navegan estrellas rumbo a algún lugar. Todo me parece bonito... • ¡No! ¡Es mentira! • Jamás fue así, que lastimera es mi voz, que miedo me domina, tan fuerte, tan odioso. Mil imágenes veo entre las sombras, cada cosa se mueve con vida propia, y oigo como me llaman aunque me repito insistentemente que es mi imaginación, la muy absurda que me engaña. ¿Y puedo combatirla?. Puede que si pero aún así no creo que consiguiese desprenderme de esos seres que me acechan detrás de. los objetos, de las luces, las sombras o incluso detrás, pegados como lapas, de mi.

Todo es dolor en mi, en cuanto atrapo algo que puede hacerme feliz, algo me lo arrebata y me destroza y me hunde en la desesperación. Y no quiero pedir consejo, aunque sé que lo necesito. Quiero morir, pero a la vez pienso que todo esto es una tontería; y debería pasar de todo y dedicarme a cualquier otra cosa. A veces intento dormir, pero rápido me asaltan todos esos pensamientos que me embotan y van carcomiendo mi mente y mi moral

martes, 5 de febrero de 2008

Cuarenta

...ya esta lejos tu recuerdo y aqui, en esta habitación, solo queda el polvo de los años que han pasado. En mi memoria se ha perdido tu rostro, tu voz y tus ultimas palabras. Esto es el final.

lunes, 4 de febrero de 2008

Treinta y nueve

...tus ojos entornados me cautivan. Hacen de mi una marioneta, con los hilos en tus graciosas manos. De tus labios salen mis palabras, que por mas intento que hago no consigo sino tartamudear los elogios que entre sollozos, de emoción, invento para ti...

domingo, 27 de enero de 2008

Treinta y ocho

...cada noche sueño contigo, cada noche me despierto buscando tu cuerpo, necesitando que tus brazos me abracen mientras duermes plácidamente. Y poder escabullirme entre tus piernas cada noche, durante toda la noche...

lunes, 14 de enero de 2008

Treinta y siete

...los termómetros marcan 37º C. Los relojes dan las doce y la luna brilla en medio de un manto azul. Aunque solo una fina sabana cubre mi cuerpo desnudo el calor atraviesa mi piel. Mis sueños me acercan a ti. Siento tu peso sobre mi, noto como pasas la mano por todo mi ser; y es en realidad el tacto de la tela al moverme en el lecho. Agarro tu cintura, el trasero o uno de tus pechos y es la almohada la que esta entre mis manos. Pero mi cuerpo que suda por cada poro, que tensa cada músculo no se da cuenta, se deja engañar por la mente. Siente una excitación que en parte es real...

miércoles, 9 de enero de 2008

Treinta y seis

...durante unos segundos el tiempo me pareció no existir, tu abdomen estaba unido al mio, por la superficie de nuestra piel resbalaba el mismo sudor. En esos instantes nuestros mundos explotaban, cada fragmento de nosotros cayendo en uno, único. Después nos cruzamos la mirada, nuestras respiraciones se alejaron una de la otra, nos besamos para no desaparecer y quedarnos abrazados...